No ha existido, que se sepa, ninguna rencilla entre la ciudad de Sevilla y Jay Arthur Pritzker (26 de agosto de 1922 - 23 de enero de 1999), el industrial norteamericano que instituyó en 1979 el premio que lleva su apellido.
Lo han recibido algunos de los más insignes arquitectos de la época contemporánea, desde Álvaro Siza a Óscar Niemeyer, pasando por el exitoso Frank Gehry, Rem Koolhaas o Aldo Rossi.
La concesión del premio supone una revalorización inmediata de la obra del autor. Las ciudades que tienen un edificio de un Pritzker se enorgullecen de ello y, las que no, se mueren por tenerlo. Hay una excepción: Sevilla.
La capital andaluza tiene en este momento tres edificios proyectados por dos premios Pritzker. Dos son de Rafael Moneo (Pritzker 1996), la sede de La Previsión Española y el aeropuerto de San Pablo. El tercero es la nueva sede de la multinacional Abengoa, en Palmas Altas, obra de Richard Rogers (Pritzker 2007).
Pero podrían haber sido más, muchos más. Hasta seis edificios 'Pritzker' ha perdido Sevilla en las últimas décadas, proyectos que, con los tres que sí salieron adelante, podrían haber situado a la ciudad en la élite de la vanguardia arquitectónica.
El primero que vio frustrado su intento fue el británico James Stirling (Pritzker 1981), autor del proyecto de un centro comercial en la parcela aledaña al estadio Sánchez Pizjuán que no llegó a levantarse y que, tras una sonora polémica por la recalificación de los terrenos, fue sustituido por otro del estudio local GIA Arquitectos, encabezado por Alberto Donaire. Stirling, fallecido en 1992, apenas si tuvo tiempo de lamentarse de la pérdida.
En 1992, la ciudad tuvo otro 'edificio Pritzker'. Un pre-Pritzker, podría decirse, porque su autor, Tadao Ando, no recibió el premio hasta 1995. El pabellón de Japón en la Expo 92 fue su primer gran proyecto fuera de su país, y el edificio más grande del mundo construido de madera. Pero ahora el edificio sólo es recuperable en fotografías porque, fiel a su compromiso con la organizadora, el Gobierno japonés lo demolió al terminar la muestra. Otro más a la basura.
La alcaldesa Soledad Becerril (1995-1999) pensó en Rafael Moneo para levantar un edificio público en el solar aledaño a la estación de autobuses del Prado. Habría sido el tercer edificio del arquitecto navarro en Sevilla. La llegada al gobierno municipal de Alfredo Sánchez Monteseirín frustró el proyecto. Fue su primera decisión como alcalde de Sevilla.
Un ambicioso proyecto urbanístico de Promotora Vizcaína, propietaria de los hoteles Silken, ambicionaba reunir nada menos que a dos premiados, Norman Foster (1999) y Jean Nouvel (2008), que, junto a Arata Isozaki y Guillermo Vázquez Consuegra, levantarían una zona residencial, comercial y de oficinas en los suelos que hasta bien entrado el presente siglo ocupó la antigua factoría de cerveza de La Cruz del Campo. La ruina de la empresa de Antón Iraculis frustró el proyecto.
El último 'Pritzker' perdido estaba ya incluso iniciado. Se trata de la biblioteca central de la Universidad de Sevilla, proyectada por la anglo-iraquí Zaha Hadid (la única mujer galardonada con el Pritzker, en 2004), que se empezó a construir en 2008 y fue paralizada por orden judicial en 2009. El Ayuntamiento y la Universidad cometieron un error grave y persistieron en él al elegir una parcela clasificada como zona verde en el Plan General. Los vecinos denunciaron en los tribunales y ganaron en todas las instancias. Se tiraron diez millones de euros a la basura y Sevilla perdió otra oportunidad más de albergar un Pritzker.
Por iiarquitectos y arq.com.mx
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