lunes, 3 de noviembre de 2014

La Zona Cero está muy, muy cerca de mi idea original. Daniel Libeskind

La Zona Cero está muy, muy cerca de mi idea original. Daniel Libeskind

El reconocido arquitecto nos habla sobre sus métodos de trabajo y de que vive aceptando sus errores. También explica por qué le encantaría diseñar un aeropuerto.

Después de más de una década de desarrollo el primer World Trade Center, la colosal torre de 1.775 metros que se eleva desde las profundidades de la Zona Cero, está finalmente listo para inaugurarse (probablemente). Debido a ciertas medidas de seguridad y gracias a algunos desarrolladores entrometidos, el rascacielos más grandioso que se ha ido elevado lentamente por encima de los tejados del bajo Manhattan, es notablemente diferente de la Freedom Tower que los neoyorquinos originalmente pensaron que obtendrían.

Érase una vez, el mundialmente conocido arquitecto Daniel Libeskind, el diseñador original y atrevido que se llamaba a sí mismo “el arquitecto de la gente”. Elegido como el planificador maestro del lugar, fue poco después sacado del proceso de diseño de la torre por Larry Silverstein el cual eligió al arquitecto David Childs como remplazo. En respuesta, él decidió comenzar una lucha por sus derechos presentando una demanda. Los diferentes partidos hicieron una tregua, y un rascacielos poco extraordinario y lejos de la visión de Libeskind, fue construido. Sin embargo, en algún punto del camino, Libeskind cambió de parecer. Nos encontramos al instruido diseñador sexagenario estadounidense de origen polaco, que ahora describe su trabajo de planificador principal del World Trade Center, como algo un poco diferente; se identifica más con un director de orquesta que un solista estrella.

Antes de su aparición inaugural en Dwell en el programa “Diseño en Nueva York” el día de hoy, Libeskind (cuyo portafolio de trabajo comprende desde museos de fama mundial a monumentos al Holocausto y del 09.11 a viviendas particulares y un centro comercial de Las Vegas) conversó con nosotros sobre su trayecto arquitectónico, lidiar con los fracasos, y de por qué cuando se trata de diseño, la paciencia es clave.

¿Cómo te sientes acerca del nuevo World Trade Center, el cual terminó siendo algo tan radicalmente diferente de lo que había previsto inicialmente?

Daniel Libeskind: Yo soy el planificador principal. Al ejercer ese rol, tuve que proveer una visión global del sitio. Ya sabes, la altura los edificios. ¿Dónde están ubicados? ¿Cuál es su valor? ¿Cuál es su significado? ¿Cómo se crean los espacios públicos? Me siento muy bien, porque siento que la Zona Cero está muy, muy cerca de mi idea original.

Por supuesto, hay diferentes arquitectos interpretando la partitura que escribí, por así decirlo, pero es para llegar a un bien común. A menudo digo que ser el planificador principal es como escribir una composición y ser capaz de dirigir a la orquesta. La persona que escribe la composición y la conduce, no es visible. El público ve al violinista, las tubas, los clarinetes y los cellos, y tal vez, la parte de atrás del conductor. Y el resultado, el cual viene siendo el plan maestro, tiene que ser no sólo interpretado, sino dispuesto de una manera que los jugadores puedan poner su propia creatividad en él. De lo contrario, no sería más que una pieza mecánica en una pianola.

Entonces, cuando tu haces la planificación maestra, ¿Dejas ese margen de maniobra para permitir que la creatividad de las otras personas involucradas fluya?

Definitivamente. Creo que en una democracia necesitamos de la arquitectura pluralista, necesitamos variedad. Realmente debemos concentrarnos en cosas que no son tan obvias, como que este lugar [la Zona Cero], es un espacio público para las personas que no van a estar en las torres. Lo diseñé [para ser] un espacio que no girara en torno a los edificios. Son los espacios, lo que ves cuando caminas por la calle. Lo cual nos lleva a la pregunta, ¿por qué no hice una mega estructura? La mayoría de mis colegas y grandes arquitectos diseñan edificios muy grandes. Yo en cambio, he decidido poner los edificios en la periferia y dedicar la mayor parte del sitio para ser usado como espacio público.
Pienso en mis padres, que son gente que trabaja en Nueva York. Ellos nunca estarían en esas torres. Pero estarían en el metro, en los trenes PATH, corriendo por las calles para llegar al trabajo.

Así que, ¿no eres el tipo de arquitecto que quiere un gran monumento?

No, no soy Ayn Rand. Nunca me gustó ese libro. [Risas]

¿Tienes una manera para enfocarte en cada nuevo proyecto?
Camino alrededor del lugar en silencio. Con nadie allí—ninguno de mis compañeros, o clientes— simplemente camino solo por el lugar. Entonces, creo que lo siguiente sería… Yo siempre tomo un trozo de papel en algún momento, no necesariamente en el lugar en cuestión, un cuaderno de dibujo, un ticket de avión, una servilleta, lo que sea que esté disponible y entonces esbozo algo que me inspire esta experiencia. Cuando vuelvo al estudio, construyo un pequeño y humilde modelo de cartón, o algo no muy sofisticado—más tarde, por supuesto, se pasa a un modelo hecho a computadora o un modelo en físico. Luego de eso, me siento con la gente más creativa en el estudio. Es un proceso interactivo, una vez que se empieza a ver lo que ha surgido.

Siempre empieza de una manera muy solitaria. Sucede a través de una especie de eco persona. Luego, bueno, no se puede seguir adelante sin un cliente. Nunca le muestro al cliente una cosa ya hecha y le pregunto, “¿Te gusta?” Es muy importante para mí escuchar, después de la exploración inicial, lo que piensa el cliente, cuál es su punto de vista, y escuchar con mucha atención, porque creo que los clientes son parte del proceso.

¿Puedes darme un ejemplo de algo que hayas inicialmente encontrado en un lugar y que luego haya inspirado tu arquitectura?

Cuando estuve en Berlín trabajando en mi primer proyecto (El Museo Judío), había alrededor de 200 arquitectos invitados en el sitio de construcción luego del coloquio, cada uno con sus respectivas cámaras. Yo no estaba interesado en fotografiar el sitio. No estaba interesado en ver los elementos obvios de las calles; yo quería ver lo que no estaba a simple vista, debajo del lugar y sobre el mismo, en el humo de las chimeneas que suben hasta las nubes. Por ende, de alguna manera, yo estaba en otro mundo ese día, en el cual pensaba en las calles invisibles de Berlín, las cuales fueron cambiando por la devastación de Alemania. No comencé el proyecto al dibujar el edificio, en absoluto, más bien comencé dibujando la matriz de lo que pasó ahí. ¿Cómo fueron las cosas en ese abismo que nos trajo ahora aquí?

Con la Zona Cero era lo mismo. No comencé por crear edificios altos o por mirar los patrones de la calle, sino más bien por introducirme en el espacio en el cual la gente realmente perecía. Y por ser realmente afectado por algo que no es tan obvio, que es lo que el sitio realmente significa en un sentido de cultura/espíritu, no sólo en la respuesta técnica a la reconstrucción de un barrio urbano conjunto.

Has hecho un gran número de proyectos como estos, con una gran carga emocional en ellos. Proyectos que incluyen monumentos memoriales del Holocausto, y museos de la Segunda Guerra Mundial.

Bueno, debo decirte que hace poco hice una casa en Connecticut. Es un hermoso terreno virgen. También pensé en otras cosas, como lo que ocurrió en ese sitio. Nativos americanos vivieron allí. Eso tuvo mucho que ver con mi respuesta formal, en lo que a la creación de la forma de la casa respecta. Incluso en un terreno virgen, e incluso en un programa tan humilde como es el de una casa privada, en mi opinión, se encuentran otras cosas escondidas bajo la apariencia, lo llamaremos lo menos visible, menos audible que forma parte de este contexto.

¿Cuál es tu proyecto de ensueño?

Debo decir que yo nunca soñé con proyectos al principio de todo. Nunca soñé con clientes, nunca soñé cosas como “Me gustaría poder hacer esto”. Pero probablemente si yo fuera a fantasear, me encantaría hacer un aeropuerto, porque realmente no me gustan la mayoría de los aeropuertos. Y viajo mucho. Me parecen tan horribles que me encantaría tratar de hacer uno.

¿Tienes algún habito en particular que te ayude a inspirarte y a mantenerte creativo?

Tienes que encontrar lo inesperado. Creo que Heráclito dijo que las cosas más importantes en la vida son las inesperadas, pero lo inesperado es difícil, ya que ocurre tan rápido que en su mayoría lo pierdes. Entonces, te preguntarás ¿cómo toparte con ese momento inesperado que le de su significado a un sitio? Lo cual significa conocer lo que vive allí, lo que ocurrió allí, y lo que podría suceder en el futuro. Es una especie de topografía de la imaginación. No puedo definir la inspiración, pero sin inspiración deberías renunciar a un proyecto.

Tienes que encontrar una fuente de inspiración en una brizna de hierba, en una sombra que se cierna oblicuamente en un sitio y momento inesperado, en los ojos de un transeúnte, en el vuelo de las aves. Vitruvio recomienda que, si se quiere entender un lugar, se debe mirar los pájaros que vuelan sobre el mismo. No es sólo sobre presagios sino de la sustentabilidad ecológica, descubrir lo que es un buen lugar y cómo lo desarrollas de manera sostenible.

También haces muebles. ¿Cómo interviene esa faceta tuya en tu trabajo de arquitecto?

Me pasó por accidente, como a todos los demás. Alguien me dijo “Mr. Libeskind, ¿le gustaría diseñar una manilla para una puerta?”. Y pensé que era lo más gracioso que jamás se me hubiera ocurrido. Entonces lo pensé por otro minuto y le dije, “Sí, ¿por qué no? Nunca había pensado en hacer una manilla para una puerta”.

Es igual de difícil porque es bastante prosaico y requiere de mucha intuición, conocimiento e ingenuidad el hacer algo que a la gente le gustaría tener. ¡Y es asequible! Es fácil diseñar objetos caros. Es relativamente fácil diseñar edificios caros, pero nunca me he sentido impresionado por eso. Porque la mayoría de las personas no tienen esa cantidad de dinero, y entonces, ¿Como haces que algo sea asequible? Eso es lo que yo llamo diseño democrático. Yo hice un salón de conciertos en Dublín que no costó $600 millones, si no $60 millones. O una silla que en vez de costar $10.000, cueste $600. Eso es importante para mí.

¿Cómo aprendes de tus errores? Por ejemplo, cuando un cliente no queda satisfecho, o que no te selecciona para el proyecto, o cuando el proyecto cambia por completo en el transcurso de la construcción. ¿Cómo lidias con los obstáculos?

Tienes que aceptar el cambio. Ningún proyecto ha quedado exactamente como yo lo dibujé en un principio. Cada proyecto ha sufrido una transformación. Y creo que eso es lo que les da vida a los proyectos. Si un proyecto, no cambia en absoluto, luce igual que en el primer boceto y está construido exactamente de la misma manera, ese proyecto ha muerto en su creación.

Con el paso del tiempo aprendes que el diseño no es una especie de locura que sólo está en tu mente. Una gran cantidad de diseños ideales son locuras para mí, incluso cuando están ya construidos. No son realmente interesantes. Los proyectos interesantes son los proyectos que pasan a través de una transformación, que se quedan sin dinero a la mitad de la construcción, que tienen un cambio de clientes, que tienen una gran cantidad de debates públicos, que tienen todo un comité con políticas a cumplir.

Tienes que tener mucha paciencia para hacer un buen diseño. Eso es lo que he aprendido. No puedes hacerlo con rapidez. Sólo tienes que ir con paciencia, y luchar para lograr lo que te propusiste.

Has hecho un buen número de monumentos conmemorativos del Holocausto diseños de museos. ¿Por qué siempre vuelves a estos proyectos?

No es algo que elijo muy a la ligera, porque es muy difícil, pero creo que es muy importante.

Mi primer edificio terminado fue el Museo Felix Nussbaum en Osnabrück, [Alemania]. Fue algo muy pequeño, un museo de muy bajo presupuesto. Pero aprendí que el comunicarse, incluso en una muy, muy pequeña manera, puede cambiar realmente la forma en la que la gente piensa, no sólo del pasado (que no podemos cambiar) sino del futuro. Haz algo positivo, haz algo que de esperanza, algo que nos mueva más allá de la oscuridad y nos de algo positivo. Es por eso que yo siempre he pensado que tienes que ser optimista. Incluso cuando se trata de la memoria, no se puede simplemente insistir en el carácter irreversible de la tragedia. Tienes que tener algo de esperanza. Tienes que inspirar y tienes que mover a la gente a ver las cosas de una forma diferente.

Con tantos genocidios sucediendo a nuestro alrededor... Ahora había un concurso para un proyecto para Rwanda. Ya no sólo se limitan a este tema [del Holocausto]. Otros se están dando cuenta de que este recuerdo es importante para el mundo, para enseñar y también para experimentar, que “nunca más” no es un eslogan, sino algo que tenemos que encarnar en nuestro espíritu.

La Zona Cero está muy, muy cerca de mi idea original. Daniel Libeskind

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Por iiarquitectos y arq.com.mx

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