martes, 13 de agosto de 2013

Museo Politécnico a fondo

Museo Politécnico a fondo

Dos italianos llegan a Moscú para realizar una obra monumental de carácter público, luego de ganar el primer premio de un concurso internacional. Para el año 2017, el Museo Politécnico y Centro Educacional de Moscú, dependiente de la Universidad de Lomonosov, diseñado por el matrimonio Fuksas, se habrá convertido en realidad.

Al menos si se respetan los plazos propuestos por el estudio encabezado por Massimiliano y Doriana, y el costo de financiamiento –de 180 millones de dólares– se mantiene. Pero para el diseño de este masterplan, los Fuksas no estuvieron solos: en realidad se trató de un join venture junto a la Oficina de Arquitectura Speech Tchoban/Kuznetsov, un prestigioso estudio ruso con sede en Moscú fundado en 2006. El proyecto fue planteado próximo a Sparrow Hills, a unos diez kilómetros de la mítica Plaza Roja.

El entorno se caracteriza por la cantidad de edificios monumentales construidos durante la época del llamado “Clasicismo Socialista”, como la Biblioteca de la Universidad Estatal de Moscú. El Museo Politécnico tendrá una superficie de 31.403 m2.

Así define su obra Massimiliano Fuksas: “Es uno de mis proyectos más bellos y una victoria italiana, el museo y el centro educativo deberán convertirse en un hito y reflejar la imagen de la nueva generación”.

El proyecto se compone de cuatro elementos que conforman una geometría irregular, como cortada por el viento, cubierta por completo de cobre preoxidado, que al recibir el impacto de la luz natural devuelve una imagen de tonos verdes y azules.

La elección del cobre como protagonista es muy coherente con el clima extremo: cien por ciento reciclable, es un material que resiste la corrosión en contacto con cualquier atmósfera y garantiza una amplia vida útil con poco mantenimiento. Además, la tonalidad evoluciona con el paso del tiempo, pasando del dorado inicial hasta la típica pátina verde azulado cuando el material se ha estabilizado completamente.

Los elementos están conectados entre sí a través de los niveles internos, apoyándose en una suerte de caja transparente que mira a la ciudad. “La idea del proyecto provino del deseo de comunicarse con la arquitectura del pasado y al mismo tiempo entra en conflicto con ella –define el matrimonio–. La monumental arquitectura de los edificios circundantes contrasta con este nuevo edificio, que es imponente, pero que expresa una complejidad formal enfatizada por el color del cobre preoxidado que hace de cobertura”.

El tamaño de la caja, que tiene un diseño irregular, es funcional para la carga y descarga de las obras de arte entre el nivel –1, que incluye el estacionamiento, la planta baja y los niveles superiores de los cuatro elementos esculturales. Por su parte, la caja transparente consta de dos niveles: la zona abierta al público está ubicada en la planta baja e incluye al lobby, cuya planta fue concebida para subdividirse en distintos salones de arte, una cafetería, un local comercial, tres jardines de invierno con techo corredizo y dos auditorios de diferentes tamaños (uno con capacidad para 500 y otro para 800 butacas). “Los auditorios fueron diseñados como paralelepípedos y materializados en madera roja”, dicen los autores.

En contraposición con la geometría formal que circunda el espacio del nivel cero, la planta baja fue planteada a partir de tres volúmenes estructurales que se encastran conformando llenos y vacíos. Estas estructuras contienen las circulaciones verticales. “En el nivel superior (o entrepiso) hay dos oficinas. La tapa de piedra de la caja está concebida como un cuadrado suspendido para el público. Es allí donde se apoya la parte escultural del proyecto: los elementos esculturales de cobre avanzan así en tres niveles principales, cada uno de los cuales se corresponde con una función.

En cuanto a los espacios interiores, están diseñados sobre la base de flujos funcionales, deliberadamente en contraste con la complejidad de la geometría del espacio exterior”, explican los proyectistas.

El primer nivel fue destinado a un espacio dedicado a la comunicación. Allí hay varias salas para conferencias, y el Centro de Ciencia y Tecnología, más sus servicios de apoyo. El segundo nivel está dedicado a las exposiciones, con salones de exhibición, galerías y áreas de exposición permanente, un auditorio de 1.200 plazas y un cine. Al tercer nivel se destinan laboratorio, biblioteca y taller.

Los espacios interiores se bañan de luz natural a partir de t res cortes principales, dos dispuestos en forma vertical: uno propuesto sobre el frente del edificio y otro en la parte trasera que mira a un parque. El tercero es una gran claraboya dispuesta en el techo, dominando todos los niveles del museo.

Proyecto: Museo Politécnico de Moscú
Proyecto: Arquitectos Massimiliano, Doriana Fuksas y Speech. Directores de proyecto: Kristian Sullivan y Antonio Nardozzi.
Equipo de proyecto: Eloisa Susanna, Ludovica Reed, Ilya Evstigneev, Stefania Di Mauro, Giuseppe Malfona y Sek Chow Lam.
Modelo: Nicola Gianluca, Cabiati Brancaleone, Marco Roma y Wen Wei Cheng.
Ingeniería: Arup Moscú.
Paisajismo: 2.500 m2

Museo Politécnico a fondo

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Museo Politécnico a fondo

Por iiarquitectos y arq.com.mx

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