miércoles, 7 de agosto de 2013

La creatividad de Clorindo Testa

La creatividad de Clorindo Testa

El autor rememora el proceso de diseño del ICI, actual Centro Cultural de España, con Testa como protagonista. Y destaca las ventajas de trabajar con un arquitecto y artista, con un espíritu joven y desprejuiciado.

Cuando a principios de 1988 le propusimos a Clorindo Testa hacerse cargo de la reforma del local entre Florida y San Martín, ese ICI porteño que pronto se convertiría en una referencia en los ambientes culturales, no estábamos nada seguros de que aceptase. Un arquitecto de su talla, que acababa de recibir el premio Arquitecto de América y recién había terminado el Centro Cultural de la Recoleta, por qué iba a molestarse en dejar su impronta en un subsuelo angosto con una superficie de apenas 500 metros cuadrados. En conseguirlo resultó clave la mediación de Laura Buccellato, recién contratada como responsable de exposiciones, y quien luego sería subdirectora cultural.

De Clorindo nos atraía especialmente su condición de arquitecto-artista, el plus de creatividad que eso aportaba tratándose del proyecto de un centro cultural. Pero la complicidad que se estableció fue mucho más lejos. El encargo del comitente oficial, el Ministerio de Asuntos Exteriores español a través de la AECID, consistía en realizar una reforma en profundidad de lo que hasta entonces había sido la Librería Española. Pero acabó resultando un centro cultural absolutamente novedoso, capaz de encarnar y proyectar una nueva imagen de España en Argentina. Para entender el cambio que supuso y el favor que con ello Clorindo Testa nos hizo a los españoles, es preciso retroceder 25 años, al desierto que era nuestra presencia cultural en el Buenos Aires de entonces, protagonizada por las asociaciones de culturales de emigrantes y por un Instituto de Cultura Hispánica heredero del nacional-catolicismo. Hasta entonces la Librería Española se había movido en esa órbita, que ni a Clorindo Testa, ni a una joven curadora de arte como era Buccellato ni a mí mismo, escritor español de apenas 32 años, recién llegado a Buenos Aires, nos interesaba lo más mínimo. La necesidad de plantearse otro discurso estaba ahí, reclamado del otro lado del Atlántico por una escena cultural en plena efervescencia, que en Madrid acuñó la marca de La Movida. También Buenos Aires bullía entonces de jóvenes artistas y escritores que acababan de dejar atrás una aún más reciente dictadura, deseosos de demostrar como nosotros que era posible crear cultura en español sin complejos y en libertad. Que le correspondiese a Clorindo Testa diseñar el espacio donde ese encuentro iba a ser posible y se iba a prolongar durante tantos años no deja de ser una paradoja, ya que pertenecía a una generación muy anterior. Lo que confirma su gran capacidad de absorción y empatía, trascendiendo los clichés generacionales.

Con Clorindo y Juan José Genoud, su socio entonces, el proceso de diseñar el nuevo espacio resultó sorprendentemente fácil. Tras su primera visita a lo que era entonces todavía la Librería Española, oscura y compartimentada, con vocación de ocultar más que de mostrar, tuvieron inmediatamente claro que allí se trataba de tirar tabiques y crear un único espacio diáfano. Desnudar y vaciar fue el primer paso que acometieron con decisión, aunque como corresponde, inmediatamente los usuarios nos dispusimos a plantearles nuestras necesidades para llenarlo. Se precisaban oficinas, auditorio, sala de exposiciones y también un espacio de librería-biblioteca, con expositores y almacenes de fondos. Demandas que fueron atendiendo sin desviarse de su propia idea. Las mínimas oficinas se acoplaron a huecos y paredes, como los almacenes, ya fuesen de libros o de obra, pero el espacio siguió siendo lo suficientemente abierto para que desde la misma entrada los visitantes pudiesen contemplarlo en su totalidad, el hilo-conductor del proyecto de Clorindo Testa.

Informalidad, desjerarquización, movilidad fueron también otros valores que lo inspiraron, expresados por los propios materiales empleados. Todos ellos inusuales para un interior, sobre el todo el falso techo de fibrocemento, material pobre por excelencia que combinado con las guías para paneles, estanterías rodantes y luces, dieron al ICI el aspecto de una obra inacabada que venía a completarse con las exposiciones, encuentros y performances que en él se desarrollaban. Los colores, tan Testa, traían alegría a lo que había sido un lóbrego sótano; pero sobre todo la potente iluminación, a base de una gran cantidad de dicroicas, a finales de los 80 muy novedosas, que combinadas con bañadores producían un muy atractivo efecto día. Que todo se moviese, puertas, paneles, estanterías, fue otra de las premisas del arquitecto. Su idea era que el espacio se adaptase a cada actividad, de forma que siempre resultase distinto. Agrupando o extendiendo las mesas y escaleras que albergaban los libros, la biblioteca podía disminuir o crecer; una ductilidad aún mayor en el caso del auditorio y salas de exposiciones que ocupaban el mismo espacio, lo que hacía imposible aislar unas propuestas culturales de otras. Con el tiempo esa movilidad creó un estilo propio de trabajar que obligaba a que todo transcurriese cara al público, sin diferencia entre espacios públicos y restringidos, lo que constituye una marca propia del CCEBA.

Visto desde la perspectiva de los 25 años trascurridos, asombra que un proyecto así, nacido con vocación de provisionalidad, como parecían pregonar los materiales empleados, siga en pleno funcionamiento y que el CCEBA conserve esa misma atmósfera de informalidad y vanguardia con que fue concebido. En lo que mucho ha tenido que ver que sus sucesivos directores hayan seguido encargándole al propio Clorindo las adaptaciones necesarias. Un respeto a la autoría que él siempre agradeció, frecuente asistente a sus actividades, autor de varias exposiciones presentadas allí desde su faceta de artista plástico, aunque con el desapego que mostró siempre por sus obras: “Si duran, duran y entonces vos te sorprendés”. La frase, recordada por Horacio Torcello en el reciente homenaje a que le tributó el Centro Cultural de España a su creador, pinta a Clorindo por entero.

Por iiarquitectos y arq.com.mx

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