lunes, 10 de mayo de 2010

Todos vivimos en un parque temático

Todos vivimos en un parque temático

En un arrebato de megalomanía, el jeque de Dubai Mohamed Bin Rachid Al Maktum dijo hace unos años: "Todo es posible en Dubai". El emirato del golfo Pérsico es conocido en el mundo entero por sus hoteles, los más grandes del mundo, sus torres, las más altas del mundo... Pero Al Maktum no es el rey Laputa, la isla volante de Los Viajes de Gulliver, no encontró los secretos de la levitación eterna: las extravagancias urbanísticas del emirato sucumben a la crisis y el jeque debe pedir ayuda para pagar sus millonarias deudas. Una lección para el futuro: ni el dinero permite construir utopías.

La exposición Dreamlands, que el Centro Pompidou de París inauguró el pasado miércoles, invita a reflexionar sobre los modelos de desarrollo urbanístico actuales, modificados por las fantasías inventadas en exposiciones universales o en los parques temáticos. "Dubai muestra que los sueños pueden convertirse en realidad, pero ¿es una realidad deseable?", se pregunta el arquitecto Luis Fernández Galiano. "Es verdad que el dinero es importante, aunque no lo hace todo. La gran arquitectura, la más creativa, no es la que se hace con millones", continúa. Más de 300 obras −desde reproducciones del pabellón surrealista Sueño de Venus, diseñado por Dalí en 1939, hasta calles y edificios de Las Vegas y Dubai, pasando por Kandor, la ciudad de origen de Superman− muestran cómo esos proyectos han contribuido a modificar nuestra relación con el mundo, la geografía, la historia.

"Si las ciudades tienen futuro, será sin operaciones de fascinación"

"Las ferias y los parques de atracciones han constituido lugares de fantasía pensada sobre un modelo de espacio utópico", explica Quentin Bajac, co-comisario con Didier Ottinger, de la muestra. Dreamland es el nombre del parque de atracciones de Coney Island, donde los neoyorquinos "buscaban sensaciones fuertes". Y la atracción se convirtió en una referencia arquitectónica en el Los Ángeles de los años veinte −"una ciudad de exceso", según Bajac−, en Las Vegas −"donde nada es perenne"− y en Dubai −"que encarna el abismo entre ciudad real y ciudad virtual"−.

"El problema de Las Vegas o de Dubai es que obedecen a un urbanismo excluyente, que no genera espacio público", opina el urbanista Jordi Borja. Condena modelos de desarrollo que reflejan "la exaltación del poder económico". Para Domenico di Siena, de Ecosistema Urbano, el mayor problema es que las ciudades ya no pertenecen a sus habitantes. "Son consumidores, no creadores", dice.

Fernández Galiano coincide con Borja cuando piensa en el coste de la Expo de Shanghai: 45.000 millones de euros, la más cara de la historia. "Esta feria es el exceso, la expresión cruda del dinero", zanja.

"Los proyectos temporales deben permitir a la gente ser creadora"

El dinero no es lo importante
¿Qué haríamos con construcciones efímeras? A principios del siglo XX, el todo París pensaba que la Torre Eiffel iba a ser desmontada, pero es en la actualidad uno de los lugares más visitados del mundo. Pero el problema es distinto, según Di Siena: "Se pueden aprovechar proyectos temporales para ensayar cosas en el espacio urbano, para que las personas vuelvan a ser creadores". Hace unos años, antes de la reforma de la plaza María Soledad Acosta, en Madrid, Ecosistema Urbano, diseñó una playa. "Lo importante es dar al ciudadano la posibilidad de modificar un proyecto. Además, fue barato, mientras que la reforma hecha por el ayuntamiento costó millones y nadie usa la plaza", sentencia Di Siena.

La lección se confirma: un proyecto urbanístico útil no tiene por qué costar millones. El problema es "el secuestro de los proyectos urbanísticos por el dinero y el poder", según Fernández Galiano. "España refleja un urbanismo antidemocrático; es decir, en vez de reducir las desigualdades, los proyectos en este país las aumentan", añade Jordi Borja, "porque los promotores son los que deciden". El jeque Al Maktum no es un político, sino "un chairman", según Christopher M. Davidson, autor de Dubai. The Vulnerability of Success.

Mike Davis, autor de Ciudad de cuarzo, denuncia "la implacable maquinaria de la renovación urbana que expulsa a millones de habitantes pobres", y cuyos responsables ponen su dinero al servicio de locuras inmobiliarias como en Dubai. El profesor de urbanismo en la Universidad Politécnica de Madrid Fernando Roch Peña zanja: "Detrás de esos alardes que acaban arrastrando bancos a la quiebra están los excedentes de capital que no saben dónde meterse y construyen acontecimientos planetarios sin ninguna base real, y las maniobras de diversión del capital y sus burocracias nacionales y locales para distraer a la gente sobre los problemas reales que no pueden resolver".

¿Qué futuro nos espera? "Si las ciudades tienen algún futuro, pasará por otros caminos alejados de estas operaciones de fascinación", concluye Roch. El consultor en urbanismo Manu Fernández piensa en El Show de Truman, la película que narra la vida del personaje en una urbe idílica, pero de la que no puede salir. "Lo más inquietante es que esta ciudad no era un decorado, existe en Florida. Son ficciociudades, donde no hay intercambios entre personas, donde te prometen el paraíso. Se echa la culpa a los dirigentes, pero la sociedad también busca ese lugar idílico". Conclusión: ya vivimos todos en un parque temático.


Por arq.com.mx

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