miércoles, 6 de enero de 2010

El Codigo Hammurabi

El Codigo Hammurabi

El Código Hammurabi, creado en 1792, llamado también Códice Hammurabi o Código Hammurabi, es uno de los primeros conjuntos de leyes que se han encontrado y uno de los ejemplos mejor conservados de este tipo de documento de la antigua Mesopotamia.

Este texto no responde a la acepción legalista del derecho, sino más bien al derecho jurisprudencial, recopila de manera impersonal las decisiones de justicia del rey. A menudo se lo señala como primer ejemplo del concepto jurídico de que algunas leyes son tan fundamentales que ni un rey tiene la capacidad de cambiarlas. Las leyes, escritas en piedra, eran inmutables. Este concepto pervive en la mayoría de los sistemas jurídicos modernos.
Estas leyes, al igual que sucede con casi todos los códigos en la Antigüedad, son consideradas de origen divino, como representa la imagen tallada en lo alto de la estela (véase más abajo). De hecho, anteriormente la administración de justicia recaía en los sacerdotes, que a partir de Hammurabi pierden este poder. Por otra parte, conseguía unificar criterios, evitando la excesiva subjetividad de cada juez.

El Código de Hammurabi, inscrito en un monolito de diorita negra, conservado hoy en el Museo del Louvre, articula en sus 52 columnas de texto cuneiforme acadio su contenido legal, las motivaciones de su redacción, así como el deseo de perdurabilidad de las normas promulgadas.
Con esta compilación de leyes -técnicamente bien redactadas- Hammurabi supo proporcionar un instrumento jurídico de primer orden no sólo a Babilonia, sino también al mundo antiguo en general, cuya lectura y estudio permiten conocer hoy los primeros pasos de la Historia del Derecho.

Historia del código Hammurabi

A Hammurabi (1728 a.C. – 1686 a.C.) le pareció que el cuerpo de leyes de su territorio se tenía que escribir para complacer a sus dioses. A diferencia de muchos reyes anteriores y contemporáneos, no se consideraba emparentado con ninguna deidad, aunque él mismo se llama "el favorito de los dioses".
El Código de Hammurabi fue tallado en un bloque de diorita de unos 2,50 m de altura y colocado en el templo de Sippar; igualmente se colocaron varios otros ejemplares a lo largo y ancho del reino. El objeto de esta ley era homogeneizar el reino de Hammurabi. De este modo, dando a todas las partes del reino una cultura común, se podía controlar el todo con mayor facilidad.

Durante las diferentes invasiones de Babilonia, el código fue trasladado hacia el 1200 a.C. a la ciudad de Susa, actualmente en el Jusistán. En esta ciudad fue descubierto por la expedición que dirigió Jacques de Morgan, en diciembre de 1901. Fue llevado a París, Francia, donde el padre Jean-Vincent Scheil tradujo el código íntegro al francés. Posteriormente, el código se puso en exhibición en el Museo del Louvre, en París, donde se encuentra hasta la fecha.

Aspecto

El Código de Hammurabi se presenta como una gran estela de diorita de 2,25 metros de alto. En lo alto hay una escultura que representa a Hammurabi de pie delante del dios del Sol de Mesopotamia, Shamash. Debajo aparecen inscritos, en caracteres cuneiformes acadios, leyes que rigen la vida cotidiana.

Contenido del código de Hammurabi

Las leyes del Código de Hammurabi, (numeradas del 1 al 282, aunque faltan los números 13, 66–99 y 110–111) están inscritas en babilónico antiguo y fijan diversas reglas de la vida cotidiana. Norman particularmente:
La jerarquización de la sociedad: existen tres grupos, los hombres libres, los subalternos y los esclavos.
Los precios: los honorarios de los médicos varían según se atienda a un hombre libre o a un esclavo.
Los salarios: varían según la naturaleza de los trabajos realizados.
La responsabilidad profesional: un arquitecto que haya construido una casa que se desplome sobre sus ocupantes y les haya causado la muerte es condenado a la pena de muerte.
El funcionamiento judicial: la justicia la imparten los tribunales y se puede apelar al rey; los fallos se deben plasmar por escrito.
Las penas: aparece inscrita toda una escala de penas según los delitos y crímenes cometidos. La base de esta escala es la Ley del Talión.
Se tratan también el robo, la actividad agrícola, el daño a la propiedad, los derechos de la mujer, los derechos en el matrimonio, los derechos de los menores, los derechos de los esclavos, homicidio, muerte y lesiones. El castigo varía según el tipo de delincuente y de víctima.
Las leyes no admiten excusas ni explicaciones en caso de errores o faltas; el Código se ponía a la vista de todos, de modo que nadie pudiera alegar ignorancia de la ley como pretexto. Cabe recordar, sin embargo, que eran pocos (escribas en su mayoría) los que sabían leer y escribir en aquella época.

Comparación con la ley mosaica

Algunas partes de la Ley Mosaica son similares a ciertas leyes del Código de Hammurabi, por lo que algunos estudiosos han afirmado que los hebreos derivaron su derecho del babilónico. Otros especialistas difieren, como Thomas (1958), que escribe:
No hay bases para suponer préstamo directo alguno de los babilonios a los hebreos. Aunque ambos conjuntos de leyes difieran poco en la letra, difieren mucho en el espíritu.

El Código de Hammurabi se ha convertido en la pieza más significativa de esta época, porque fue este monarca uno de los forjadores del poderío babilónico y porque su obra legislativa constituye la primera realización histórica de codificación. Ella pretende certificar el origen divino de la ley y el sacrilegio de su violación. El dios está sentado en su trono, que recuerda el pórtico de un templo, y apoya los pies sobre la tierra, que a modo de escabel está sugerida por apretados picos montañosos. Se afirma por una parte el señorío divino sobre la tierra, pero también se alude a la montaña como el lugar sagrado donde el hombre toma contacto con lo divino. La indumentaria de Shamash conserva la vieja tradición sumeria del kaunakes, y su rostro adquiere severidad en la larga barba que cae sobre su pecho y que perpetúa el uso semita. Sobre la cabeza, la divinidad ostenta el birrete sagrado con cuatro pares de cuernos.
Hammurabi está de pie, vistiendo una larga túnica que dibuja amplios pliegues y que deja al descubierto el hombro y brazo derechos; cubre su cabeza con un sombrero similar a los de la época de Gudea y lleva barba según la moda vigente. La escena marca el ascendiente de la figura divina mediante los atributos de su poder en la mano derecha y el apretado puño izquierdo, que refuerzan la energía de su palabra. Relámpagos de fuego emergen de su espalda y hacen aún más terrible su aspecto. El monarca, en carácter de jefe de la comunidad humana, mantiene su posición erecta en actitud de respeto, que se acentúa en el brazo derecho levantado hacia la boca. Las figuras son convencionales y aceptan un canon -tan antiguo como el arte mismo- que no resuelve determinados problemas -la mano derecha de Hammurabi, al ocultar el hombro opuesto, resalta la posición forzada y acentúa la arbitrariedad del brazo izquierdo-. No obstante los inconvenientes de este código estético-religioso, la escena domina por la sencillez y la relación directa entre las dos figuras. Sin elementos adicionales en la superficie pulida que sirve de fondo, la escena adquiere dimensiones impresionantes.

Por iiarquitectos

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