martes, 4 de marzo de 2014

Experimento constructivo

Experimento constructivo

En la Pedrera, Uruguay, el estudio argentino Lacroze-Miguens-Prati (LMP) se dio el gusto de terminar su cuarto experimento constructivo y arquitectónico: Miradores, un conjunto de 5 casas que proyectan sus vistas hacia el mar, por sobre la arena de la Playa del Barco.

La iniciativa encarna varios desafíos a la vez, los concernientes al sitio y los autoimpuestos por el estudio. En especial por uno de sus socios, José Ignacio Miguens. “Proyectar una casa en La Pedrera tiene sus complicaciones. El lado sur, el menos favorecido por el asoleamiento y muy castigado por los vientos marítimos, tiene la mejor vista; y el lado norte mira tierra adentro”, explica el fundador del estudio.

El lote en cuestión es un paralelogramo extendido a lo largo de la Rambla de La Pedrera, con una fuerte pendiente hacia el mar. Para aprovechar las vistas y la orientación, los proyectistas decidieron colocar estares, comedores y cocinas en las plantas altas, y los dormitorios en las plantas bajas. Pero eso no resolvía el tema de la orientación. Para hacerlo, se generaron cinco prismas orientados de Norte a Sur donde se encierran las funciones de la planta alta. Las tapas extremas de esos volúmenes fueron cerradas con grandes carpinterías de piso a techo que capturan las vistas de un lado y la iluminación natural del otro. Además, cada una de estas cinco cajas de madera se conecta con una terraza pasante que funciona de gran expansión exterior y, a su vez, sirve para independizarlas de sus vecinos.

Pero, como si los desafíos del sitio fueran pocos, hace tiempo que los arquitectos de LMP se auto impusieron investigar sobre nuevos sistemas constructivos adecuados al sitio, a la mano de obra disponible y que generen la menor huella de carbono posible. Miradores es el quinto de estos “experimentos”. Antes pasaron las Casas de Vidrio, el Galpón MIIN (ambos en La Pedrera) y el edificio de acceso al parque de nieve Miramas, en San Martín de los Andes.

La resolución constructiva ocupa a Miguens desde hace tiempo, cuando dictaba clases sobre el tema en la FADU-UBA. Pero, en los últimos años, ha hecho de eso una sana obsesión.

Puesto a pensar la alternativas para construir Miradores, Miguens descubrió que la escarpada pendiente del terreno estaba llena de piedra. La misma que en muchos lugares de La Pedrera decora casas y hasta el Club Social del Pueblo. Sacar la piedra del mismo terreno y aprovecharla en la construcción significaba un agresión neutra al entrono medioambiental. Pero la dificultad nació de los atavismos que caracterizan a la construcción tradicional. “Al contratista le resultaba más fácil contratar un camión que le trajera la piedra desde una cantera a 50 kilómetros y se la volcara a pie de obra que poner a una cuadrilla a sacarla del terreno y transportarla en carretilla”, explica Miguens para asegurar que cualquier innovación requiere, primero de todo, convencer a la mano de obra.

Una vez persuadido el contratista y asumidos los costos extra de mano de obra, la piedra sirvió para construir todo el basamento. Se levantaron paredes dobles de 35 centímetros de ancho total, con un corazón de hormigón. El piso y techo del basamento se solucionaron con losas de hormigón. La losa inferior separó la construcción de la rasante del suelo, permitiendo el escurrimiento natural del terreno. A su vez, la losa superior permitió construir la planta alta con una tecnología totalmente diferente: balloon frame de madera.

La cinco piezas superiores son verdaderas cajas madereras que están cruzadas con respecto a los basamentos de piedra. Y vuelan 2,5 metros para cada lado. Esa osadía estructural se logró gracias a la estructura interna de las paredes laterales que se convirtieron en verdaderas vigas vierendeel.

Estas piezas fueron construidas con vigas de eucalipto del tipo finger joint (un sistema de piezas que se encargan a medida y están constituidas con pequeñas piezas de madera encolada) y conectores de acero galvanizado fijado con tornillos. El esqueleto estructural de madera conseguido con las grandes vigas vierendeel fue revestido con machimbre de pino tratado en el exterior. Interiormente, fue recubierto con fenólico de 12 mm. de espesor. “El sistema constructivo que usamos, con vigas a medida de finger joint, así como la modulación que adoptamos para el proyecto, evitó en gran medida los desperdicios de madera en obra”, explica Miguens.

La cubierta se realizó también en madera, con cambios a la vista y fenólico de 18 milímetros revestido exteriormente con chapa de acero galvanizado. Para no alterar la forma prismática de las cajas de madera, la cubierta de chapa tiene pendientes hacia el interior del techo que desaguan en canaletas transversales. Por otro lado, se logró un sistema de protección extra del calor con pedregullo suelto. En las paredes, la aislación se logró con lana de vidrio entre revestimientos y su consabida barrera de vapor. Para completar el compromiso ambiental con el entorno, cada casa cuenta con un sistema de tratamiento de efluentes cloacales que genera agua para riego.

Experimento constructivo

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Experimento constructivo

Por iiarquitectos y arq.com.mx

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