martes, 13 de agosto de 2013

Centro comercial en Santiago

Centro comercial en Santiago

Paseo Los Tra­pen­ses fue con­ce­bido como un cen­tro comer­cial de carác­ter veci­nal orien­tado a los ser­vi­cios.

Dadas las carac­te­rís­ti­cas de ubi­ca­ción en la trama urbana del loteo, el edi­fi­cio busca ser un punto de refe­ren­cia en la silueta del barrio e intenta con­so­li­darse como un lugar de encuen­tro e intercambio.

Exis­ten dos estra­te­gias arqui­tec­tó­ni­cas para con­se­guir esto. La pri­mera es la acti­tud del edi­fi­cio hacia la calle. Este se cie­rra con una fachada de 170 metros de largo cuyo diseño está ins­pi­rado en la cua­li­dad grá­fica de un código de barras, ele­mento sim­bó­lico que denota la transac­ción comer­cial de un bien de con­sumo domés­tico. Esto, acom­pa­ñado de un degra­dado de 62 colo­res que hacen que el edi­fi­cio vaya cam­biando de color del ama­ri­llo al azul a medida que se reco­rre por su frente desde el auto­mó­vil. Es una fachada de velo­ci­dad, para ser leída en movi­miento. Los colo­res ade­más le otor­gan un carác­ter lúdico y menos serio, que habla de su fun­ción, de com­prar entre­te­nido. En otras pala­bras, la fachada hacia la calle es un letrero en si. Un letrero que esta diciendo: “Este es un Cen­tro Comer­cial, Alegre”.

La segunda estra­te­gia va orien­tada a gene­rar un lugar de encuen­tro, de per­ma­nen­cia de paseo, de espar­ci­miento. Para ello el edi­fi­cio se vuelca hacia el inte­rior y en ese inte­rior se arma una plaza, un espa­cio más calmo, cobi­jado de la calle por el edi­fi­cio y abierto a la fan­tás­tica vista de los cerros y la cor­di­llera. Esta plaza está pen­sada a la manera de las pla­zas euro­peas, una plaza dura donde pue­dan ocu­rrir even­tos y espec­tácu­los al aire libre, un lugar de encuen­tro, algo así como resu­ci­tar la anti­gua plaza cívica como faci­li­ta­dora del inter­cam­bio social, tan ausente y tan nece­sa­ria en los nue­vos barrios resi­den­cia­les. En ese espí­ritu, y a dife­ren­cia de los malls tra­di­cio­na­les, el pro­yecto apuesta a que el auto­mó­vil y el pea­tón se mez­clen y com­par­tan el mismo suelo. Así, esta­cio­na­miento y plaza pea­to­nal son una misma cosa.

En esa misma apuesta, la fachada del inte­rior que con­forma esta plaza, es un gran muro de acti­va­ción visual que se ha dise­ñado con case­to­nes a lo “Mon­drian”, que sin­cro­ni­zan un orde­na­miento de imá­ge­nes diver­sas que otor­gan color y varie­dad y que vita­li­zan la expe­rien­cia viven­cial de esta plaza. Estos case­to­nes sir­ven de soporte para expo­si­cio­nes de arte, foto­gra­fía, pin­tura infan­til, etc… Pero prin­ci­pal­mente se ha pen­sado como un gran muro publi­ci­ta­rio como algo más pro­pio de la coti­dia­ni­dad del espa­cio público. Y en ese sen­tido esta fachada se ter­mina de cons­truir con la grá­fica iti­ne­rante que en ella ocu­rra.

Centro comercial en Santiago

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Por iiarquitectos y arq.com.mx

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