viernes, 8 de junio de 2012

Las puertas plegables y muros adyacentes al patio desde la sala y la recámara, literalmente se abren al espacio total y al borde rítmico de los elemen

Las puertas plegables y muros adyacentes al patio desde la sala y la recámara, literalmente se abren al espacio total y al borde rítmico de los elemen

Diseñado por la arquitecta fracesa Odile Decq, el Museo de Arte Contemporáneo de Roma, plantea este proyecto, de base cultural, como campo de experimentación arquitectónica.

El MACRO, ubicado detrás del extenso parque de la Villa Borghese, un complicado sector de la ciudad de Roma, se encuentra encajonado, por un lado, por los terrenos del Policlínico Humberto Primo y el campus de la universidad de La Sapienza; y por otro, por la Villa Torlonia, la estación de ferrocarril Roma Términi, y el barrio surgido a fines del siglo XIX en los alrededores de la Piazza Galeno, conformado por amplias residencias construidas para la burguesías romana en las primeras décadas del siglo XX, muchas de las cuales actualmente están subdivididas en departamentos de lujo o son utilizadas como sedes de embajadas.

Para su primera sede, el MACRO (que tiene una segunda sede en el Testaccio, antiguo matadero de Roma) habilitó parte de una ex fábrica de cerveza de principios del siglo XX. En 1999 se intervino parte del edificio, manteniendo la fachada y la estructura original, organizada como dos pabellones paralelos y alargados que conforman una calle central.

En el año 2001, la comuna de Roma llamó a concurso para la sistematización del museo en el sector remanente de la ex fábrica, y la oficina de Odile Decq se quedó con el premio mayor.

Además de nuevas y amplias salas de exposición, el programa contemplaba un auditorio, café, librería, estacionamientos, servicios y depósitos de obras de arte. La arquitecta francesa comenzó por cambiar el acceso al museo: cerró la entrada preexistente sobre la fachada principal, y aprovechando la diferencia de niveles entre las calles, colocó el nuevo acceso sobre el ángulo más bajo.

Las fachadas protegidas de la fábrica planteaban un problema grave de representación del museo hacia el exterior. Decq lo soslayó abriendo una única brecha de contemporaneidad en el anodino telón de las fachadas originales, justamente en el ángulo donde ubicó el acceso.

El resto de la intervención quedó tapada por las fachadas de la edificio, cegadas y blanqueadas. Pero aun así, el emergente contemporáneo no aparece sobre la calle más que como un muro cortina lo suficiente anónimo como para no representar nada de lo que sucede en el interior. En este sentido, el proyecto Decq es un edificio sin fachada. Pero el interior es absolutamente diferente.

Odile Decq destinó la planta baja y la terraza a espacio público, ingeniándoselas para que su uso no implique el ingreso al museo. En el primer piso, al mismo nivel de la galería cubierta del edificio existente, ubicó las salas de exposición y la cafetería.

Pero no lo hizo fácil: el acceso al lobby se da a través de un estrecho jardín recubierto con piedra bola y en forma de cuña que opera como un fuelle respecto de la calle y tapa cualquier vista hacia el interior.

El lobby es el espacio más complejo, sofisticado e impresionante de MACRO. Se trata de una enorme caja oscura, con resonancias metálicas de discoteca o de fábrica abandonada, de doble altura y surcada por pasarelas flotantes.
La iluminación es ciertamente teatral: un gran techo de vidrio hace que reluzca el auditorio, un cuerpo rojo brillante, amorfo, duro como un coral gigante.

El efecto es electrizante. El auditorio se transforma en un objeto a ser observado en cada uno de sus ángulos. Las pasarelas, las rampas y las escaleras que organizan el sistema circulatorio parecen estar allí sólo para admirar esa pieza, la más valiosa.

La parte superior del auditorio se ahueca para conformar un espacio de lectura. Decq borra los límites y uniones del material. Toda la pieza se vuelve una gelatina roja que se curva para recibir a los cuerpos, se hace sorprendentemente confortable y reflectante. Todo el aparato geométrico está distorsionado, no hay ángulos rectos; y los tensores oblicuos de las pasarelas parecen suspender la ley de gravedad.

El interior del auditorio es un contrapunto entre la explosión de la gelatina rojo fuego y el confort extremo del equipamiento diseñado en conjunto entre Odile Decq y la firma italiana Poltrona Frau.

Las butacas, obsesivamente rojas, son perfectas. Absolutamente ergonómicas, tienen un mecanismo silencioso que permite abrir una bandeja para tomar notas. La apertura de la bandeja enciende automáticamente un filamento de luz tenue que permite iluminar el plano de apoyo sin modificar las condiciones de iluminación general del auditorio.

También el café y los baños tienen ingeniosos mecanismos de iluminación. En el primer piso, el café cuenta con lámparas alojadas en cavidades de las mesas, que crean un suave halo luminoso flotante. En los baños, mientras que los límites del espacio se diluyen debido a las paredes cubiertas de espejos y a la alineación de las puertas de acero brillante, la luz se irradia y cambia de color a través de los cuerpos de lavatorios translúcidos.

Un doble juego de rampas comunica el lobby con la galería vidriada del edificio existente y con la terraza pública. Y mientras el museo cierra sistemáticamente las vistas hacia la calle creando su propio paisaje interior, complejo y sofisticado, la terraza se transforma en la explicación del museo y en el observatorio de la ciudad.

Es en la terraza donde se hacen evidentes los cortes filosos de la planta y se develan el trazado y la geometría del edificio. La terraza es al mismo tiempo una puesta en escena del proceso proyectual y una máquina para mirar el tesoro más valioso de Roma: la propia ciudad y su arquitectura.

Las puertas plegables y muros adyacentes al patio desde la sala y la recámara, literalmente se abren al espacio total y al borde rítmico de los elemen

Las puertas plegables y muros adyacentes al patio desde la sala y la recámara, literalmente se abren al espacio total y al borde rítmico de los elemen

Las puertas plegables y muros adyacentes al patio desde la sala y la recámara, literalmente se abren al espacio total y al borde rítmico de los elemen

Por iiarquitectos y arq.com.mx

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