martes, 18 de mayo de 2010

“En El Chopo participé hasta donde me dejaron” Enrique Norten

“En El Chopo participé hasta donde me dejaron” Enrique Norten

“Un edificio que no tenga la capacidad de estar vivo, de cambiar con el tiempo y de hacerse contemporáneo, a pesar de tener una historia larga, se va a perder”, argumenta el arquitecto Enrique Norten, responsable de la restauración del Museo del Chopo que, tras casi cuatro años de obras, se abre al público el próximo miércoles 19 de mayo.

¿Por qué no estuvo usted en la conferencia de prensa donde se presentó el nuevo espacio?

Porque no me invitaron. No sé por qué.
¿Qué pasó en el proceso para que se pasara de un presupuesto de 60 a 155 millones y a casi cuatro años de trabajos?

Pasaron muchas cosas. No tengo todo el conocimiento de lo que pasó, pues hay procesos en los que tampoco, del todo, participé. Nos cogió el cambio de administración de la UNAM y eso trajo desajustes. Por otro lado, fue un cambio fluido, tengo una personal amistad con el ex rector de la Universidad Juan Ramón de la Fuente, no conozco al doctor José Narro; así que no sé qué puede haber ahí. De Gerardo Estrada a Sealtiel Alatriste (en la Coordinación de Difusión Cultural) lo sentí muy fluido; pero en el cambio se perdieron tiempos.

Después tuvimos la situación de que no pudo la constructora elegida a través de concursos oficiales -desafortunadamente, basados en esa ley de obra pública, que es bastante obsoleta y por la que hay que elegir al más barato. Estábamos a la mitad de la obra, ya se estaba levantando la estructura. La Universidad decidió cambiar de constructora y eso fue un lío: liquidar a una para que viniera otra y reparar; no sé si hubo fallas, pero retomar el proceso hizo que se perdiera mucho tiempo.
¿Cuáles fueron esas constructoras?

No sé ni los nombres.
¿Por qué aumentó el presupuesto?

Lo desconozco.

¿No tiene usted qué definir esos costos dadas las implicaciones que se proyectan para la obra?

La verdad es que no tengo esa información, no soy la persona adecuada para responder esas preguntas. Imagino que Obras de la UNAM tiene esto.

¿Hasta dónde participó usted como arquitecto de la obra?

Entregamos el proyecto completo, el compromiso fue participar en la supervisión arquitectónica, lo que implica estar seguros que se cumpla el proyecto y resolver los impredecibles.
¿Hubo muchos impredecibles?

En todas las obras; no hubo más que en otras. Aquí participamos hasta donde nos dejaron participar.
¿Cuánto ganó usted por la obra?

No tengo idea

¿Por qué?

No sé. Fue hace cinco años.

Ha habido críticas acerca de que se destruyó el concepto original...

Creo que es un gran rescate. Es un edificio que como estaba siendo usado no servía, creo que el edificio antiguo se ha rescatado, se puede percibir mejor. El edificio antiguo es ahora el elemento más importante de la colección, lo que hicimos fue acercar a la gente a la cubierta. Si el Museo se hubiera dejado tal cual, al final se hubiera perdido como se han perdido tantos edificios.
¿Qué propuso usted?

Para mí era fundamental restaurar el edificio, no sé por qué dice la directora que no se restauró. Claro que sí se restauró. Había que rescatarlo, darle una nueva vida. Sería muy interesante que todas estas gentes que están bla, bla, bla, vieran las fotografías del Chopo en estos 100 años: cuando llegamos estaba lleno de distintas intervenciones, como plataformas, escaleras, un foro por acá, estructuras por allá. Entonces, lo primero que hicimos fue limpiar y la primera regla fue que el nuevo edificio no tocara el antiguo, con la finalidad de mantener el diálogo entre las dos arquitecturas. Me enoja que ahora hayan construido la museografía adosada al edificio; se cambia otra vez la percepción y fue por lo que tanto luchamos hace años. Le hablé a Sealtiel y dijo: “¿Pero cómo? ¿nadie te consultó? Te prometo que para la próxima te vamos a integrar”. Y yo le dije: “Ahh, muchas gracias, Sealtiel; te agradezco mucho que me consideres para la próxima”.
¿Supervisó el proyecto?

Tenemos un equipo que estuvo todos los días en la obra y dependiendo la etapa de la obra, yo iba de una o dos veces a la semana.
¿Qué le han dicho los arquitectos?

Es curioso, he recibido muchos halagos.

Mencionó que en muchos edificios no se hace nada y se están muriendo ¿qué cree que está pasando?

Es un problema muy serio. Tenemos nuestros institutos (INBA e INAH) que tienen la misión de preservar el patrimonio del país, pero desafortunadamente son las interpretaciones las que hacen que se pierdan las cosas. Tenemos, por un lado, a algunos que llamo “talibanes de la conservación”, cuya posición es que se tienen que usar la misma mano de obra, los usos, los materiales de hace 300 años... pero eso ya no existe. Pero otros conservadores entienden muy bien esto, proponen intervenir edificios con nuevas soluciones técnicas y estéticas. Los edificios que caen en las manos de los primeros se van a perder.


Por arq.com.mx

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