martes, 18 de mayo de 2010

Arquitectura, esperanza y tumba de la crisis

Arquitectura, esperanza y tumba de la crisis

Los Gobiernos recuperan proyectos urbanísticos y arquitectónicos, algunos utópicos, cuando más difícil parece lograr financiación. Los Estados saben que la arquitectura es un arma poderosa de propaganda y buscan en ella legitimidad, aunque luego no cumplan. Un repaso a algunos proyectos enfangados por la crisis económica.

El Estado necesita al arquitecto para que glorifique sus virtudes, caso de tenerlas, o que las invente, si es que anduviera escaso de ellas. El arquitecto necesita al Estado para que le extienda un cheque en blanco a sus proyectos, excesivos o sensatos. Nada nuevo desde Amenhotep. "Pon un [Norman] Foster en tu programa, y tendrás al pueblo de tu lado", le dijo un día cierto alcalde al arquitecto Oriol Bohigas.

La crisis es una oportunidad; también para la arquitectura. Un buen momento, dice Ignacio Alcalde, director del Master de Urbanismo de la Escuela de Negocios del CEU, para prescindir de los "proyectos que engrandecen el ego" y de "los fuegos artificiales".

Pero, salvo excepciones que todavía no son la norma, la megalomanía sigue siendo un vicio terco. Como escribió en La arquitectura del poder el crítico Deyan Sudjic, "la forma de la arquitectura sigue dependiendo de los poderosos".

En los últimos años, los Gobiernos han desempolvado proyectos que en el pasado fueron rechazados por utópicos, costosos o dudosamente útiles (bastantes de ellos, por las tres cosas a la vez). En otros casos, planes radicalmente nuevos han sido presentados a la opinión pública como la receta mágica para regenerar un territorio yermo o embellecer una ciudad obsesionada por convertirse en la nueva Samarcanda. Algunos de estos proyectos aún no conocen otra realidad que el plano.

EL PARÍS DEL SIGLO XXI

París tiene un problema, su periferia. Y diez soluciones distintas, cada uno de los planes candidatos a hacer realidad Le Grand Paris, la mayor remodelación urbanística de la ciudad en el nuevo siglo. Así al menos fue presentada en 2009 a los medios de comunicación la penúltima ilusión de la grandeur francesa: una nueva ciudad que conecte el glamuroso centro con los depauperados suburbios facilitando la integración social y respetando el medioambiente.

La de poner patas arriba París es una aspiración antigua. A finales de la década de los Veinte del siglo pasado, Le Corbusier propuso derribar media ciudad (incluido "el cinturón piojoso de los arrabales") y construir encima una nueva urbe purificada y funcional. El ayuntamiento parisino calificó el plan de "bárbaro". Y hasta Mitterrand.

Hoy es Sarkozy quien ha recogido el testigo. Bajo su patrocinio, diez proyectos de otros tantos estudios tuvieron un año y 200.000 euros para convencer a las autoridades de la mejor solución urbanística. Entre los candidatos, ilustres de la arquitectura contemporánea como Jean Nouvel o Richard Rogers, aconsejados por un plantel no menos ilustre de economistas y sociólogos. Las propuestas -un puerto fluvial, metro exterior, extensas zonas verdes- poseen como características comunes la integración social, el respeto al medio ambiente y el empleo de alta tecnología.

Ninguno de los proyectos ha sido todavía elegido. En la actualidad, todos se encuentran en fase de discusión pública. Foros, exposiciones y debate social (alguna de estas discusiones y propuestas se pueden ver en YouTube) moderados por observatorios y grupos de discusión.



EL PUENTE SOBRE EL ESTRECHO DE MESSINA

Altero Matteoli, ministro de Infraestructuras del Gobierno de Silvio Berlusconi, ha llegado a identificar la construcción de un colosal viaducto sobre el estrecho de Messina (conectando Sicilia y Calabria) con la biología política: "Los grandes proyectos son propios de la cultura de centroderecha… (...) Lo tenemos en el ADN".

Hace casi cuarenta años del nacimiento oficial del último proyecto (la idea original de unir ambas orillas se remonta a época romana). Después de incontables promesas electorales y maquetas minuciosas del que iba a ser el puente en suspensión más largo del mundo aún no se conoce ni sus cimientos. Esto en la realidad, porque en la pantalla del ordenador está todo: una carretera de 5 kilómetros, pilares de 370 metros, cables de acero de un metro de diámetro…

Los sucesivos Gobiernos de Berlusconi han tratado de reflotar el plan. En casi una década se han invertido varios cientos de millones de euros, con cargo a los presupuestos públicos, para tratar de hacer realidad un proyecto que voces autorizadas en Italia han tachado de inviable y obsoleto. De momento, las obras no han comenzado, y de la primera piedra, que debería haber sido puesta a comienzos de 2010, nada se sabe.

LA DECADENCIA DORADA DE DUBAI

El sociólogo Richard Sennett parece que estuviera pensado en Dubai cuando escribe que "el nivel de la calle es un espacio muerto… sólo un medio para pasar al interior". El fastuoso emirato es una ciudad Estado higienizada. Esplendor privado distribuido en compartimentos estancos: una torre, la más alta del mundo, otra y otra (y así hasta 170 en diez años), centros comerciales del tamaño de pueblos, metro volante, archipiélagos artificiales. El lugar de lo público, lo que hace a una ciudad ser tal, no existe en Dubai.

Sólo esta descripción puede dar cuenta de un fracaso, que no tiene que ver con la acumulación desproporcionada de riqueza sino con la ausencia de vida en común. Más allá, la ciudad cuyo único atractivo económico real es la promesa del lujo -los ingresos por petróleo y gas no llegan al 6%- lleva tiempo asomada al abismo inmobiliario y financiero.

El impacto negativo de esa hipertrofiada dependencia del ladrillo -cristal, allí- para el urbanismo y la ingeniería civil ha sido fantástico. Por cada Burj Dubai, hay varias decenas de rascacielos que no pasan de esqueletos. La construcción de la torre de más de un kilómetro proyectada para ser el próximo edificio más alto del mundo está detenida debido a la ingente deuda que acumula el grupo inmobiliario Nakheel. Del que debiera ser, cómo no, el puente colgante más largo, hay de momento unas impresionantes maquetas futuristas, pero nada más.



MADRID Y LA OPERACIÓN CHAMARTÍN

Una de las mayores operaciones urbanísticas de Europa y también una de las que más tiempo lleva estancada por discrepancias entre las distintas administraciones y los propietarios del suelo.

Casi dos décadas han pasado desde que se firmaran los primeros convenios de la conocida como Operación Chamartín hasta que la Junta de Gobierno del Ayuntamiento de Madrid aprobara -en noviembre de 2009- el Plan Parcial de Prolongación de la Castellana.

Lo firmado, además, abarca sólo una parte del que fuera un ambicioso proyecto que comprendía el soterramiento de las vías de la estación de Chamartín y la reurbanización de la zona. La inversión de 11.100 millones de euros está destinada a la ampliación del Paseo de la Castellana y a la configuración de una gran city. Las obras comenzarán presumiblemente este 2010. Sobre el destino final de los tres millones de metros cuadrados del plan inicial nada se ha decidido ni firmado.

EL RASCACIELOS MÁS ALTO DE SUDAMÉRICA

Cuando se terminen de levantar sus 70 plantas, el rascacielos Gran Costanera, en Santiago de Chile, será el edificio más alto de Sudamérica: 300 metros. Atrás quedarán los varios años de sucesivas interrupciones, huelgas y despidos.

El megaproyecto Costanera Center -una miniciudad de rascacielos, centros comerciales y carreteras- fue suspendido por dos veces, la última en enero de 2009, debido a los graves problemas económicos que atravesó el consorcio constructor, Cencosud.

Meses después, en diciembre de 2009, se reanudaron las obras en las torres, aunque a menor ritmo que en las primeras fases del proyecto. El terremoto que sacudió a Chile en febrero no afectó a los cimientos de los rascacielos pero sí provocó nuevos retrasos hasta que se tuvo la certeza que las estructuras no habían resultado afectadas. No hay fecha para su inauguración.


Por arq.com.mx

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