domingo, 10 de enero de 2010

Transcurrida la primera década del siglo XXI, ¿Hacia dónde se dirige la Arquitectura de autor?

Transcurrida la primera década del siglo XXI, ¿Hacia dónde se dirige la Arquitectura de autor?

En esta primera década del siglo XXI, los creadores de la Arquitectura han tenido la total libertad de orientar su trabajo hacia donde su particular sensibilidad los dirija, a diferencia de otras épocas donde la Arquitectura estaba obligada a responder a tres realidades: la social, la económica y la cultural. Actualmente, casi ninguna de las arquitecturas de autor surgidas en Dubai, Shanghai, Beijing, Rusia o cualquier otra ciudad con los recursos económicos suficientes para llevar a cabo una mega-estructura, propone soluciones para atender las necesidades de la gente común, sino que tienden a eclipsar la mirada de sus espectadores, ya sea por suntuosas o por excéntricas, lo que convierte la arquitectura en espectáculo.

Si bien, es cierto, que la Arquitectura al igual que cualquier otra de las Bellas Artes, es un ejercicio de búsqueda y creatividad, es también una disciplina que, por su carácter utilitario, más allá de orientarse a la solución de problemas estéticos, debiera estar obligada a responder a tres realidades: la social, la económica y la cultural.

Cuando la creación arquitectónica deja a un lado estas tres realidades, dando prioridad a los juegos formales y al impacto visual, cualquier edificación deja de ser arquitectura para convertirse en un veleidoso objeto para la contemplación.

En esta primera década del siglo XXI, ha sido evidente que, a diferencia de otras épocas, en la actualidad no hay un estilo imperante que establezca, o por lo menos sugiera, parámetros o soluciones formales. Los creadores de la arquitectura tienen la total libertad de orientar su trabajo hacia donde su particular sensibilidad los dirija.

La experimentación formal ha dado como resultado, innovadores y bellos diseños, sin embargo, la falta de claridad de muchos creadores para comprender que la forma no es el fin último de una edificación sino un recurso arquitectónico más, ha generado también, que las nuevas estructuras que conforman las ciudades más importantes del mundo tiendan más que al hábitat, a eclipsar la mirada de sus espectadores, ya sea por suntuosas o por excéntricas, lo que convierte la arquitectura en espectáculo. El ejemplo de ello se vislumbra dentro de la maraña de formas que han surgido en Dubai, Shanghai, Beijing, Rusia o cualquier otra ciudad con los recursos económicos suficientes para llevar a cabo una mega-estructura.

Casi ninguna de las arquitecturas de autor del siglo XXI propone soluciones para atender las necesidades de la gente común; por lo tanto se limitan a una arquitectura de fantasía, que fuera de la realidad que vive la mayor parte de la población mundial, aparece de la misma forma que puede hacerlo una aparatosa escenografía de película de Hollywoodense. Algunas de las propuestas más representativas de este periodo fueron:

La Torre Burj Khalifa, que inicialmente se llamara Burj Dubai, es un rascacielos de 827 metros de altura, 162 plantas que se distingue de todas las edificaciones de esta primera década por ser el edificio más alto del mundo. En cada segmento de la torre se retrocede hacia una geometría en espiral desde su base hasta el extremo superior lo que hace que su ancho varíe en cada segmento, generando escalonamientos que rompen el viento en las alturas.

Las denominadas Torres Giratorias fueron otro de los proyectos más representativos e impactantes del inicio del presente siglo, pues introducen por primera vez la cuarta dimensión en la arquitectura [el tiempo], con lo que anuncian –según el propio David Fisher, inventor del sistema constructivo de las torres- una nueva era para la arquitectura: Estructuras en movimiento que representan un reto para la arquitectura convencional y se convierten en el símbolo de una nueva forma de entender el espacio y hacer arquitectura; estructuras que cambiarán el aspecto de las ciudades y el concepto de habitación debido a que ofrecen infinitas posibilidades de diseño, pues al girar sus pisos de manera independiente y a diferentes velocidades, permite conseguir encantadoras formas y fachadas cambiantes.

Dentro de los proyectos de fantasía destacaron también las nuevas urbanizaciones, una de las más singulares fue sin duda Waterfront City diseñada tomando como modelo la ciudad de Manhattan. Koolhaas y su Oficina para la Arquitectura Metropolitana [OMA] combinaron en este lugar 2 conceptos: la ciudad genérica y la fantasía, lo que se traduce en lo que algunos de los teóricos de la postmodernidad denominaron como el fenómeno de la disneyficación, el de los espacios -reales- fabricados artificialmente. Esta versión miniatura de Manhattan se contrapone a la Metrópoli moderna, primero porque a diferencia de Nueva York -ciudad que como bien relata Koolhaas en su libro -Delirio de Nueva York-, publicado en 1978, es el resultado de una verdadera vida urbana, de los conflictos de sus ciudadanos, del trabajo y del placer- esta nueva ciudad surge como un experimento de laboratorio. Segundo porque la escala de Waterfront es demasiado pequeña como para considerarse como ciudad por lo cual –y a pesar de los deseos de su creador- esta urbanización –o maquetita de Manhattan- apenas podrá considerarse como un pequeño barrio citadino.

De las propuestas más representativas fueron también las -arquitecturas de marca-, es decir, edificaciones diseñadas como escaparate para las empresas más poderosas del mundo. Las edificaciones creadas para de los grandes corporativos, centros comerciales, hoteles y parques temáticos fueron tan importantes como el logotipo de las marcas que identificaron. Uno de los ejemplos más destacados fue el denominado “Mobile Art” un exquisito museo nómada, diseñado por la iraquí Zaha Hadid para exhibir una serie de obras creadas a partir del lenguaje visual de Channel por importantes artistas contemporáneos. El edificio de 700m2 fue concebido como un “edificio móvil” y totalmente desmontable que se trasladó hacia: Hong Kong, Tokio, Nueva York, Londres, Moscú y Paris. El diagrama a partir del que se desarrolló la planta del edificio fue muy simple: una especie de bucle al que se entraba o salía por un mismo lugar. El espacio fue concebido a manera de película, cuadro por cuadro. Esta cualidad era percibida por los usuarios en la medida que transitaban el espacio. En el interior se prescindió de las líneas rectas provocando fluidez generando que el bucle girara infinitamente en una especie de loop que enfatizaba el concepto de movilidad, que hizo de esta obra algo fuera de lo común, pues normalmente, la gente viaja a una determinada ciudad para visitar un museo, y en este caso el museo fue es el que viajó para exhibirse en las más importantes capitales de la moda.

Dentro de los proyectos más espectaculares se encuentra el Hotel Yas de Abu Dhabi, diseñado recientemente por el despacho de arquitectura Asymptote Architecture, dirigido por el arquitecto Hani Rashid, es otro de los más espectaculares proyectos de la presente década, por su dinamismo, máxima ligereza, líneas oblicuas y elípticas, que revelan soluciones que escapan a lo eminentemente funcional, exaltando nuevas formas y armonías de contornos y volúmenes, asociadas con la velocidad, el movimiento y el espectáculo. La ostentosa estructura, destaca por un enorme y costoso velo de cristal que funciona como telón de fondo del circuito de carreras de Fórmula Uno de Abu Dhabi. El proyecto es verdaderamente impactante, ya que propone una solución formal excéntrica.

A pesar de la originalidad de los proyectos antes mencionados, su costosísima construcción propone arquitecturas elitistas, alejadas totalmente de la realidad de la vida cotidiana que experimentan las mayorías, lo que hace de ellas veleidosos objetos para la contemplación. La mayoría de los proyectos o arquitecturas de autor, de esta primera década del siglo XXI dejan entrever, que la representación le está ganado terreno a la función.

Por arq.com.mx

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