viernes, 9 de enero de 2015

Recolectan la historia del Palacio de Bellas Artes

Recolectan la historia del Palacio de Bellas Artes

En el libro "Las obras y los días" se aprecian fotografías históricas de la construcción e imágenes de los detalles del recinto.

Entre 1902 y 1904 el arquitecto Adamo Boari aceptó hacer realidad el sueño porfiriano de construir el gran Teatro Nacional en la capital del país. Un proyecto que debía estar listo en 1910 para la conmemoración del Centenario de la Independencia y en el que se gastarían 4 millones 200 mil pesos, pero que en realidad se concluyó 32 años después con un costo total de alrededor de 19 millones de pesos y convertido en el Palacio de Bellas Artes.

Ese largo y complejo proceso de construcción del Palacio de Bellas Artes, y su historia como recinto cultural durante sus 80 años de existencia aparecen recopilados en la obra conmemorativa Palacio de Bellas Artes. Las obras y los días, 1934-2014.

Coeditado por Ricci Editore y el Conaculta, el volumen incluye imágenes del fotógrafo italiano Massimo Listri, quien logró capturar detalles de las fachadas, muros, detalles arquitectónicos, frisos, esculturas y murales, que dan cuenta de los diferentes elementos arquitectónicos y artísticos que habitan en cada uno de los espacios y rincones del edificio.

La publicación de gran formato incluye un texto del historiador Alejandro Rosas, quien se encarga de rescatar la visión histórica del recinto, un texto más del arquitecto Xavier Guzmán Urbiola, quien se centra en los avatares de la construcción de esta magna obra arquitectónica, y otro del escritor Giorgio Antei, donde habla del legado de los arquitectos que intervinieron en la magna obra.

El arquitecto Xavier Guzmán Urbiola, subdirector general de Patrimonio Artístico del INBA, señala que en un contexto de grades cambios en el país, el recinto también estuvo sujeto a crisis y cambios que afectaron su estructura y concepción original.

Así, lo que Adamo Boari concibió como un gran teatro, con salones de baile y otros espacios de reunión para la elite porfiriana, los arquitectos Federico Mariscal y Alberto J. Pani, con apoyo del gobierno pos revolucionario, lo convirtieron 30 años después en una institución cultural accesible a toda la población. En el espacio donde estaría una sala de baile, Mariscal y Pani incluyeron un museo de artes populares, uno de artes plásticas, talleres de fotografía, de encuadernado, una librería y una cafetería. “Todo esto para hacer del Palacio de Bellas Artes un espacio más público, más democrático”, comenta Guzmán Urbiola en entrevista.

El arquitecto recuerda que en su primera etapa de construcción esta obra fue duramente criticada porque no se concluyó en los tiempos previstos y su costo se elevó hasta 200%. Además, debido a los malos cálculos en el terreno y al peso de la estructura metálica forrada de concreto armado y recubierta con mármol que Boari pensaba colocar, el edificio comenzó a hundirse. “Era una mole pesada en la orilla fangosa de un antiguo lago y comenzó a hundirse de manera dispareja”, dice.

Sin embargo, Boari logró estabilizar la estructura después de investigar cómo se habían detenido los hundimientos de otros edificios en Nueva York y en la ciudad de México, como La Penitenciaria. Para eso, explica Guzmán Urbiola, construyó un balde gigante de madera, de unos 10 metros de diámetro; empleó una enorme manguera y una aguja de nueve metros de largo para inyectar lechadas de cal en el terreno. “No logra detener el hundimiento, pero logra que la plataforma de cimentación se hunda parejo. Eso es un logro descomunal”.

En su texto “Del Teatro Nacional al Palacio de Bellas Artes 1904-1934”, el arquitecto que coordinó las labores de restauración de la cúpula central del recinto, entre 2003 y 2004, rescata los trabajos que se realizaron en el edificio en las diferentes etapas de su construcción. También detalla la labor de los arquitectos y escultores que se encargaron de la parte artística exterior e interior del recinto, de la herrería y la ornamentación de las fachadas, que hacen referencia a elementos prehispánicos, así como a la flora y fauna nacional.

El propósito, explica, es hacer un recuento de la parte técnica y estructural engarzado a los diferentes contextos históricos que afectaron a la historia y concepción del Palacio de Bellas Artes.

La segunda parte de este libro hace un recorrido por los 80 años de vida cultural en ese recinto. En su texto “Crónica de ochenta años. 1934-2014”, Alejandro Rosas recorre la historia del Palacio de Bellas Artes como espacio cultural, teatro, sede de diversos museos y escenario de la vida de la capital mexicana.

El Palacio, dice el historiador, es un puente entre siglos, un vínculo entre el pasado y el presente, ya que comparte el espacio urbano con el jardín más antiguo de la ciudad de México, la Alameda, fundado en 1597; con el que fuera el primer rascacielos de la capital, la Torre Latinoamericana, inaugurada en 1956; con el eje central, que reivindica el nacionalismo revolucionario con su nombre “Lázaro Cárdenas”; con uno de los más emblemáticos edificios del Porfiriato, el Palacio de Correos, y con la Casa de los Azulejos, de finales del siglo XVII.

Rosas recuerda algunos de los hitos que han marcado la historia del edificio, como la primera obra de teatro estrenada en el Palacio de Bellas Artes, La verdad sospechosa, de Juan Ruiz de Alarcón, así como algunas de las presentaciones más destacadas y comentadas de la historia del palacio, desde María Callas hasta músicos populares como Juan Gabriel.

Ilustrado con planos de construcción, bocetos de esculturas, así como dibujos preparatorios para las puertas y herrajes, el texto del escritor Giorgio Antei habla de las influencias arquitectónicas y artísticas de los artífices de este edificio, hoy convertido en el máximo recinto cultural del país.

Recolectan la historia del Palacio de Bellas Artes

Recolectan la historia del Palacio de Bellas Artes

Recolectan la historia del Palacio de Bellas Artes

Por iiarquitectos y arq.com.mx

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