lunes, 23 de julio de 2012

El derecho a la ciudad y su disfrute.

El derecho a la ciudad y su disfrute.

Prácticamente en todos los países subdesarrollados, la gente más pobre que habita en las poblaciones rurales busca nuevas oportunidades y una mejor calidad de vida en las grandes urbes, lo que en la mayor parte de los casos resulta absolutamente erróneo.

La migración del campo a la ciudad, sobre todo desde mediados del siglo pasado, ha hecho de las ciudades del Tercer Mundo, lugares sobrepoblados en donde cohabitan y se reproducen con diversos nombres y caras múltiples problemas: promiscuidad, insalubridad, desnutrición, pobreza, delincuencia, entre otros.

Alrededor de los grandes centros de negocios y cómodas residencias, existen cinturones de miseria, en donde una serie de “refugios” se edifican con precarios materiales y sin ningún tipo de planeación, de tal surte que las condiciones de vida de sus habitantes suelen ser deplorables, al carecer de cualquiera de los servicios e infraestructura urbana: agua, luz, drenaje, pavimento, alcantarillado, etc.

Amontonadas unas al lado de las otras, los arrabales, conocidos también como: adoberas, tugurios, bajos fondos, colonias proletarias y favelas –dependiendo de cada país- han sido tema recurrente de la sociología, urbanismo y política desde hace más de cincuenta años, no obstante es hasta finales del siglo pasado que los gobiernos de diversos países han empezado a trabajar en soluciones urbanas que no sólo se limitan a llevar el servicio de agua y drenaje o a pavimentar las calles, sino que verdaderamente plantean una mejora en las condiciones de vida, tanto de las personas más necesitadas, como del funcionamiento general de las propias ciudades.

El Programa de rehabilitación de los barrios de favelas de Río de Janeiro, iniciado en 1994, es un extraordinario ejemplo.

Este proyecto urbano es el resultado de un largo proceso –que ha durado 18 años- en el que además de la creación de nuevas calles y plazas, se han construido nuevos edificios e infraestructura urbana, que además de mejorar las condiciones de vida de los más de un millón y medio de habitantes de las ciudades perdidas o “favelas” de Río de Janeiro, los han conectado con el resto de los barrios que conforman la ciudad.

Durante casi todo el siglo XX, la ciudad de Río de Janeiro omitió uno de los peores escenarios urbanos mundiales: las favelas, tugurios que han agrupado a millones de personas y que durante mucho tiempo ni siquiera aparecían en los registros y el catastro municipales. La ciudad terminaba donde terminaba la ciudad formal, sin embargo, desde el año de 1994 se han llevado a cabo diversos esfuerzos para urbanizarlas e integrarlas con el resto de la ciudad.

Uno de estos proyectos es el denominado Favela-Bairro, que conlleva un programa con un planteamiento muy diferente a las actuaciones anteriores: el empoderamiento de los habitantes de las favelas, a los que se les otorgó la propiedad de las edificaciones y a los que hoy en día se trata como habitantes de la ciudad formal, es decir, con derecho a disponer de servicios sociales al alcance.

Las principales acciones del programa Favela-Bairro han sido: complementar la estructura urbana principal, ofrecer el aspecto ambiental necesario para transformar la favela en un barrio mediante elementos urbanos, consolidar las favelas dentro del planeamiento urbano, introducir servicios sociales e impulsar la regularización urbanística y el orden catastral entregando títulos de propiedad. Este trabajo se ha llevado a cabo con la plena colaboración de las asociaciones de vecinos, en algunos casos muy maduras, ya que algunas de ellas llevaban años reclamando mejoras urbanas.

Urbanizar las favelas, más allá de los beneficios que en materia de salud y seguridad que ofrece, plantea algunas cuestiones mucho más importantes: el derecho a la ciudad y su disfrute, el respeto de la historia de cada lugar, su construcción y el esfuerzo de inversión y constructor de cada ciudadano.


La estrategia para conseguir esos objetivos fue combinar la ciudad formal y la ciudad informal, con respeto a las formas urbanas y las costumbres de sus habitantes. Con este proyecto se han mejorado con soluciones propias para cada lugar, más de sesenta favelas y ocho barrios irregulares de tipo medio (de 500 viviendas) y grande (de 2500 viviendas). El programa ha permitido que los habitantes que antes eran considerados como “paracaidistas” hoy vivan en la legalidad con respecto a sus viviendas.

En buena medida, el éxito de este proyecto ha derivado del equilibrio entre actuaciones urbanísticas de pequeña y mediana escala y las políticas sociales. Empezar a tratar las “favelas” o ciudades perdidas como barrios y tratar a sus habitantes como ciudadanos es un ejercicio de enorme inclusión urbana sin por ello forzar el carácter informal y espontáneo que ha convertido las favelas en un paisaje único y especial en todo el mundo.

Es importante mencionar que por el beneficioso impacto que ha tenido este proyecto de intervención urbana en la vida de los habitantes de la ciudad brasileña, éste ha sido reconocido este año 2012 con el premio “City to City”, otorgado por el FAD, de Barcelona, España.

Además de reconocer los beneficios que ha supuesto este proyecto para los habitantes de Río de Janeiro, el premio “City to City Barcelona FAD Award 2012” está reconociendo algo que va más allá, que este proyecto es uno de los mejores referentes de política urbana que se han desarrollado en el mundo y que ha servido para democratizar el derecho a la ciudad y su disfrute, para combatir el déficit de ciudad y para reforzar los lazos sociales.

El derecho a la ciudad y su disfrute.

El derecho a la ciudad y su disfrute.

Por iiarquitectos y arq.com.mx

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